¡Yo, pecador!.

¡Yo, pecador!.

Por Francisco Pérez Cánovas,


Entró en la estancia dando un portazo, con inusitada rabia lanzó su capa sobre la cama. Encendió un candil y comenzó a pasear de un lado a otro como un león enjaulado. Se sentía despechado, él que de amores no andaba escaso veía mancillado su honor por una comedianta de corral. Derramó más que vertió algo de vino en un vaso y masticándolo lanzó mil improperios a los dioses. Prendió varias velas que había sobre la mesa, necesitaba más luz, preparó pluma y tinta, cogió papel y con la primera letra esbozo un garabato que se convirtió en un manchurrón oscuro. Estrujó la hoja y la tiró al fuego del hogar. Embelesado con las tenues llamas fue hasta el ventanuco, la noche era fría y estrellada y en el titilar de los astros fue encontrando su historia.

Engaños, enredos, amoríos, celos…Doña Ana, Don Félix, ricos y pobres…Nada es lo que parece.

En un torbellino de ideas comienza a rasgar la pluma sobre el papel y las letras van tomando forma uniéndose en un baile acompasado.

El alba le sorprende con la última vela a punto de consumir, exhausto y entumecido busca la primera hoja donde escribe con grandes letras redondeadas, La villana de Getafe. Las ordena y en un último vistazo repasa con la pluma la “L” de Lope de Vega Carpio.

Lope escribió esta obra en el año 1620, cuatrocientos años han pasado desde entonces y otros ignorantes villanos pretenden ver más allá de las letras del autor. Virginia Wolf, Alberto Conejero, Esteban Roel son algunos a los que también se desean callar. Pecaminosos faranduleros a los que hay que limpiar su alma. No hay nada como lo alto de las tablas para pecar.

¡Qué no se nos nuble la vista, ni nos tiemble el pulso! Sólo nosotros somos dueños de nuestras palabras. ¡Qué ningún necio tirano nos diga cómo debemos escribirlas!

Nos vemos en el infierno.